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Inicio > La identidad murciana > Territorio > El territorio murciano a lo largo de la historia > La Diócesis de Cartagena como resultado del mismo proceso de desintegración territorial
Precedentes de la Diócesis de Cartagena

La Iglesia de Cartagena nació quizás en el siglo II, época en que la importancia de esta ciudad era notoria y el cristianismo (que según la leyenda entró en España de la mano del Apóstol Santiago por el puerto cartagenero) había conseguido gran arraigo entre el pueblo carthaginense. La capitalidad de la Diócesis vino de la mano de la nueva división provincial del emperador Diocleciano: la ciudad de Carthago Nova se convirtió de este modo en la capital de la Carthaginense y su Iglesia en Cabeza diocesana.

Esta capitalidad se mantuvo durante toda la dominación bizantina y hasta la incorporación de la Oróspeda al reino visigodo de Toledo, con la destrucción de Cartagena por Suintila (623). Este momento, la Diócesis de Cartagena fue suplantada por la de Toledo. Se cree que, años después, el rey Wamba debió restaurarla, aunque fue definitivamente suprimida a partir del Concilio XII de Toledo del año 681.

Con la nueva dominación visigótica, debió crearse el obispado de Begastri (Cehegín). Pero durante la época musulmana, se pierden las referencias de Diócesis en territorio murciano.

(Fuente: web de la Diócesis de Cartagena)
 

Restauración de la Diócesis de Cartagena

Este silencio (y consiguiente desconocimiento de la realidad anterior) fue lo que motivó que, tras la conquista del Reino de Murcia y restauración de la Diócesis carthaginense por Inocencio IV (1250), Alfonso X decidiera (1266) que la Diócesis de Cartagena tuviese los mismos términos que tenía por entonces el Reino de Murcia, comprendiendo territorios de varias provincias:
 

GRANADA: Huéscar y la comarca de La Sagra

Las tierras de Moratalla, Huéscar, Puebla de Don Fadrique, Galera, Orce y Castril se integraron en el obispado carthaginense en 1271, aunque esta ampliación sólo duró hasta 1314, año en el que todos estos municipios (salvo Moratalla) pasaron a la Diócesis de Granada. Algunos años después (1434), dichos pueblos regresaron de forma provisional a la Diócesis de Cartagena, hasta quedar definitivamente encuadrados en la de Guadix (1447).
 

ALMERÍA: Los Vélez y el Almanzora

Sancho IV donó a la Diócesis de Cartagena las tierras de los Vélez, Mojácar, Oria, Cantoria, Purchena y el Valle de Almanzora para cuando fueran conquistadas (1283), por lo que, una vez realizada dicha conquista, estos lugares se integraron en la Diócesis cartaginense.

Sin embargo, al crearse las diócesis de Almería (1486) y Guadix (1492), éstas ganaron el pleito que habían iniciado por su posesión, con lo que la Diócesis de Cartagena perdió su jurisdicción espiritual sobre ellos (1501), con la excepción de Huércal (Huércal-Overa), que siguió perteneciendo a la Diócesis de Cartagena hasta el 10 de junio de 1957, fecha en la que se incorporó a la Diócesis de Almería, siguiendo lo preceptuado en el Corcodato de 1951 (art. 5º).
 

JAÉN: la Sierra del Segura

La Encomienda santiaguista de Segura de la Sierra (que abarcaba desde Chiclana hasta Yeste), disputada por Toledo y Cartagena, se integrará en el siglo XIV en la Diócesis de Cartagena (a excepción de las localidades de Villarrodrigo, Torres y Génave, que quedaron para el Arzobispado de Toledo).

Con la supresión unilateral de las Órdenes (1873), se agregaron sus territorios a las diócesis próximas, y así las Vicarías de Beas y Segura de la Sierra pasaron al Obispado de Jaén.
 

ALICANTE: la Diócesis de Orihuela. Villena y Sax.

Hasta el siglo XIII, las tierras murcianas y alicantinas se encontraban unidas política (Reino de Murcia) y religiosamente (Diócesis de Cartagena). Con la sentencia arbitral de Torrellas (1304), se rompió la unidad política, pues se segregó del Reino murciano lo que hoy conocemos como el sur de la provincia de Alicante (quedando el primero para Castilla y el segundo para Aragón), pero no la religiosa, pues la recién creada gobernación de Orihuela continuó bajo la dependencia del obispo cartaginense.

La pertenencia de territorios de dos Coronas distintas (Castilla y Aragón) a una misma Diócesis (la de Cartagena) fue, desde el principio, origen de fuertes diferencias y disputas. Esto hizo que en 1564 Pío IV optara por crear la diócesis de Orihuela, mediante la segregación eclesiástica del mismo territorio que dos siglos antes había sido transferido a la Corona aragonesa (Sentencia de Torrellas). De este modo, la provincia de Alicante (la mitad sur) y el enclave de Caudete quedarían hasta hoy bajo la jurisdicción espiritual de Orihuela.

Sólo Villena y Sax permanecieron en la Diócesis de Cartagena (y en el Reino de Murcia). Esta situación se mantuvo hasta 1954, año en el que, siguiendo lo previsto por el art. 5º del Concordato de 1951, se determinó suprimir los enclaves existentes en otras provincias. De esta manera, el Arciprestazgo de Villena se incorporó a la Diócesis de Orihuela-Alicante.
 

ALBACETE: la Diócesis de Albacete

La mayor pérdida de territorio para la Diócesis de Cartagena fue la que comportó la creación del Obispado de Albacete (1949), a partir de tierras de los antiguas diócesis colindantes de Cartagena (el Albacete del Reino de Murcia), Toledo (el Albacete de la antigua provincia de La Mancha), Cuenca (el Albacete de la antigua provincia de Cuenca), Orihuela (el municipio de Caudete) y Valencia.

Con esta modificación, todas las poblaciones del sur de Albacete, que pertenecían a la Diócesis de Cartagena y al Reino de Murcia, pasaron al nuevo Obispado albacetense.
 

La reivindicación de la Archidiócesis

En el concordato de 1851 se determinó que la silla de Cartagena quedara como sufragánea de Granada, situación en la que actualmente se encuentra, junto a otras diócesis andaluzas (Almería, Guadix-Baza, Jaén y Málaga). La ubicación de esta diócesis murciana en un arzobispado compuesto únicamente por diócesis andaluzas no ha sido bien vista por quienes consideran que la mitra cartaginense tiene historia y entidad como la que más para encabezar una Archidiócesis, que agrupe a todas aquellas Diócesis o territorios vinculados anteriormente a ella.

Los modelos de integración de esta Archidiócesis y su eventual composición son un tema aún debatido. Entre las múltiples propuestas cabe referir:
  • Las que defienden que la Diócesis de Cartagena mantenga su integridad actual y encabece un Arzobispado, junto a las Diócesis de Orihuela y Albacete, entre otras, tradicionalmente vinculadas a ella.
  • Las que consideran que la Archidiócesis ha de reunir a las Diócesis vinculadas históricamente a la de Cartagena, y además a otros nuevos Obispados, nacidos de la división de la actual Diócesis cartaginense.
  • Las que abogan por la recuperación de la antigua Diócesis de Cartagena, transformada en Archidiócesis, y su posterior escisión en nuevos Obispados.
  • Las que prefieren la división de la actual Diócesis de Cartagena en varios Obispados menores, obteniendo Cartagena la silla arzobispal.

     
 

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Actualización: 12/07/2005